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La Segunda República (Part V)

Vísperas de la Guerra Civil
 
Mientras, el ambiente social era cada vez más tenso. La izquierda obrera había optado por una postura claramente revolucionaria y la derecha buscaba de forma evidente el fin del sistema democrático. Desde el mes de abril se sucedieron los enfrentamientos violentos callejeros entre grupos falangistas y milicias socialistas, comunistas y anarquistas.
 
 El 25 de mayo, el general Mola desde Pamplona dio un plan estratégico detallado sobre la preparación del alzamiento. Lo firmaba con el sobrenombre de “El Director”. Dos días después entró en contacto desde la cárcel Modelo de Madrid con José Antonio, el líder de la Falange, que inicialmente no estuvo completamente de acuerdo con el desarrollo del plan. El 5 de junio, José Antonio fue trasladado a la cárcel de Alicante pero para entonces ya había aceptado la idea de que era inevitable un golpe militar y que la Falange debía participar en él. En consecuencia prometió que 4.000 falangistas prestarían ayuda al golpe. A finales de junio lo único que faltaba para fijar la fecha del alzamiento era el acuerdo con los carlistas. Tantos éstos como los falangistas estaban planteando muchas exigencias al general Mola, que veía indispensable para el triunfo contar con el apoyo civil de estos grupos. Los carlistas estaban obsesionados por los colores de la bandera bajo la cual se sublevarían, los falangistas planteaban problemas de autoridad. El 7 de julio de 1936, como cada año, se celebraron las fiestas de San Fermín en Pamplona, Mola aprovechó la ocasión para dejar completamente zanjada la cuestión. Escribió a Manuel Fal Conde, dirigente carlista, prometiéndole que resolvería la cuestión de la bandera después del levantamiento. Por su parte, José Antonio, que inicialmente había criticado el carácter conservador del plan de Mola, se mostraba ahora más dispuesto a apoyarlo.
Mola decidió que había llegado el momento. Desde las Canarias el general Franco se comunicó con el cerebro de la conspiración a pesar de que aún no estaba seguro de que hubiera llegado el momento propicio para el levantamiento. Pese a todo el plan para trasladar a Franco a Marruecos para ponerse al frente de la rebelión en la zona siguió adelante. El contacto de Mola en Londres, corresponsal del diario monárquico ABC, había alquilado un avión de transporte “Dragon Rapide” y localizó en el aeropuerto de Croydon a un piloto independiente, el capitán Bebb que se mostró dispuesto a cooperar. Bebb despegó de Croydon el 11 de julio, y un día después hizo escala en Casablanca, en el Marruecos francés. Esa noche en Madrid, iba a desencadenarse la tragedia.
 
El teniente de la Guardia de Asalto José Castillo salía de su casa para empezar su servicio. Castillo, que el día anterior había reprimido con dureza una manifestación monárquica, ya había recibido amenazas de muerte de la ultraderecha. Fue muerto a tiros por cuatro hombres armados que escaparon. Los camaradas del teniente muerto, indignados, exigieron de las autoridades una lista de sospechosos a los que detener. También pidieron medidas contra la Falange, aunque nunca quedó claro que los asesinos fueran falangistas. Entre los que clamaban venganza estaba un capitán de la Guardia Civil, Fernando Condés, íntimo amigo de Castillo. Alguien sugirió que fueran a la casa del líder de la CEDA José María Gil Robles, pero éste se encontraba ausente de vacaciones por lo que finalmente se decidió ir al domicilio del diputado conservador José Calvo Sotelo. Hacía las tres de la mañana del 13 de julio Calvo Sotelo fue convencido por Condés y otros para que les acompañara a la comisaría, a pesar de que su inmunidad parlamentaria le eximía de ser detenido. El coche arrancó y a unos 200 metros de su casa, Luis Cuenca, un joven socialista que iba sentado a su lado le disparó dos tiros en la nuca. Calvo Sotelo fue asesinado a pesar de que las autoridades republicanas no habían ordenado su detención. Pero inevitablemente se culpó al gobierno de su muerte, al fin y al cabo, Calvo Sotelo había sido asesinado bajo la custodia de la policía republicana. La clase media española quedó paralizada por este cruel asesinato y ello proporcionó a los golpistas gran apoyo popular en un momento decisivo. El 14 de julio Bebb despegó de Casablanca rumbo a las Canarias. Poco a poco se estaban concretando todos los aspectos del golpe.
 
Mientras la conspiración militar contra el gobierno del Frente Popular avanzaba. Por un lado, había una trama política conformada por los principales líderes de los partidos: Gil Robles, Calvo Sotelo, Jose Antonio Primo de Rivera. Por otro lado, crecía el número de generales implicados: Franco, Goded, Fanjul, Varela... Emilio Mola, destinado en  Pamplona, se convirtió en el jefe de la conspiración, el "director" del golpe. La salidad antidemocrática tenía valedores internacionales. Muy pronto se iniciaron los contactos con Mussolini y Hitler. El 12 de julio era asesinado por extremistas de derecha un oficial de la Guardia de Asalto, teniente Castillo. La respuesta llegó la siguiente madrugada con el asesinato de José Calvo Sotelo por parte de un grupo de miembros de las fuerzas de seguridad. El enfrentamiento era inevitable. El gobierno de Casares Quiroga, que no había decidido tomar medidas pese a las continuas advertencias de las organizaciones obreras, vio como el 17 de julio de 1936 el ejército de Marruecos iniciaba la rebelión contra el gobierno de la República. El  triunfo parcial del golpe desencadenó la guerra civil.
 

La Segunda República (Parte IV)

LAS ELECCIONES DE 1936 Y EL FRENTE POPULAR
 
A finales de 1935 empezó a gestarse una gran coalición de partidos de izquierdas que se preparaba para las elecciones de febrero de 1936 y que poco más tarde se conocería como Frente Popular. El pacto entre republicanos y socialistas pretendía un programa reformista pero desde la derecha se identificó como un pacto revolucionario. El llamado Frente Nacional o de Orden se creó para oponer sus intereses a los de las izquierdas en las elecciones más reñidas que hasta entonces había vivido España.
 
La larga campaña electoral que tuvo lugar entre el 4 de enero y el 16 de febrero de 1936 se prometía como una de las más duras de la historia de España. La unidad de las izquierdas quedó plasmada en el Frente Popular, la coalición izquierdista formada ante las elecciones de 1936 propuesta por el Partido Comunista. Además los anarquistas, aunque no entraron a formar parte del Frente Popular por negarse ideológicamente a colaborar con un sistema democrático, apoyaron las candidaturas para la liberación de los presos políticos. Oponiéndose a ellos se formó el llamado Frente Nacional o de Orden cuya cabeza más visible era la CEDA de Gil Robles que lanzó una agresiva campaña electoral presentándose como la última y única alternativa de defensa ante una inevitable revolución bolchevique. Su fotografía de jefe miraba retadoramente desde los carteles situados en la Puerta del Sol madrileña. Dentro de esa coalición derechista quedó fuera la Falange porque no hubo entendimiento entre José Antonio Primo de Rivera y Gil Robles. Este hecho, de relativa poca importancia, marcaría el desarrollo posterior de la guerra civil.
 
Entre estas dos formaciones se contaban los diferentes partidos de centro. Entre ellos estaban el Partido Radical de Lerroux, la Lliga, los progresistas (partidarios de Alcalá Zamora) y el nuevo Partido del Centro de Manuel Portela Valladares, así como el PNV que aún dudaba en unirse más claramente con derechas o izquierdas.
 
España acudió a las urnas el 16 de febrero. Unos 34.000 guardias civiles y 17.000 guardias de asalto garantizaron el orden. Los resultados, dados a conocer el 20 de febrero, fueron los siguientes en lo que refiere a bloques nacionales:

Electores............................13.553.710
Votantes..............................9.683.335 (71,4%)
Frente Popular.....4.654.116                  (34,3%)
Frente Nacional....4.503.505                 (33,2%)
Centro y vascos.......................525.714 (5,4%)

Es imposible dar cifras de votos por partidos puesto que los electores votaron a alianzas y no a partidos aislados. Pero las principales formaciones se repartieron los escaños de la siguiente manera:
 

FORMACIONES CENTRO-IZQ.

ESC

FORMACIONES CENTRO-DER.

ESC

PSOE

88

CEDA

101

IZQUIERDA REPUBLICANA

79

PARTIDO DEL CENTRO

21

UNIÓN REPUBLICANA

34

COMUNIÓN TRADICIONALISTA

15

ESQUERRA CATALANA

22

RENOVACIÓN ESPAÑOLA

13

PARTIDO COMUNISTA

14

LLIGA REGIONALISTA

12

ACCIÓ CATALANA

5

PARTIDO AGRARIO

11

ORGA (Nacionalistas gallegos)

3

PARTIDO RADICAL

9

OTROS PARTIDOS CENTRO-IZQ.

18

OTROS PARTIDOS CENTRO-DER.

28

 
Vistos los resultados el Frente Popular obtuvo una ajustada victoria. El entusiasmo de sus partidarios fue ilimitado. Una gran multitud se dirigió al Ministerio de la Gobernación en Madrid con una única palabra: ¡Amnistía!. Un partido por encima de todos había experimentado un mayor crecimiento tras conocerse los resultados de las elecciones. Era el PCE (Partido Comunista de España). Este partido nació tras una escisión del PSOE en 1920. Al proclamarse la República contaba con alrededor de 3.000 militantes, cifra bastante modesta. En 1933 obtuvo su primer representante en Cortes y tras las elecciones de febrero de 1936 obtuvo 14 diputados. En Oviedo, una de sus principales dirigentes, diputado por Asturias, Dolores Ubárruri “La Pasionaria” abrió las cárceles donde se alojaban gran parte de los revolucionarios de 1934. Pero los socialistas se negaron a formar parte del nuevo gobierno, simplemente lo apoyaron débilmente, y los políticos republicanos quedaron irremisiblemente atrapados entre el pánico de los conservadores y las nuevas esperanzas de la clase trabajadora. Las huelgas y las invasiones de tierra aumentaron, los conflictos sociales y laborales amenazaban más que nunca el orden constitucional.
 
Desde la derecha Gil Robles había caído en desgracia, las esperanzas de la España conservadora se centraban ahora en un nuevo y carismático líder, José Calvo Sotelo. Para un numero creciente de partidarios de la derecha, y tal y como había ocurrido antes con la izquierda, el juego parlamentario había resultado un doloroso desengaño. La creciente polarización de la sociedad española se reflejó primero en su juventud. Unos 15.000 militantes de las juventudes de la CEDA abandonaron el partido y se unieron a un movimiento más combativo, la Falange, que como ya hemos visto, había sido fundada por José Antonio Primo de Rivera en 1933.
 
En 1934, junto a Ramiro Ledesma Ramos y Onésimo Redondo, fundadores de las JONS (Juntas Ofensivas Nacional Sindicalistas) había negociado su fusión con la Falange. El nuevo partido, Falange Española y de las JONS, empezó a existir el 13 de febrero de 1934 adoptando el símbolo del yugo y las flechas. Sin embargo, la Falange fue siempre un partido minoritario hasta el extremo de que al concurrir en solitario a las elecciones de 1936 se quedó fuera del juego parlamentario sin obtener ni un solo escaño. Debido a ello en marzo de 1936, ante la creciente espiral de violencia impulsada por la Falange, José Antonio, privado de inmunidad parlamentaria, fue detenido y las oficinas de Falange clausuradas. Aún así la violencia callejera y los crímenes políticos siguieron en aumento tanto por parte de la izquierda como de la derecha.
 
El presidente de la República pidió nuevamente a Manuel Azaña que formara gobierno.
 
Pero nada podía ya detener las pasiones políticas. En la ciudad los puños y las pistolas habían reemplazado al debate político, en el campo la violencia se había convertido en el último recurso para escapar de la pobreza. En Extremadura la paciencia de los jornaleros extremeños se había agotado. En un solo día, el 25 de marzo de 1936, unos 60.000 jornaleros ocuparon casi 3.000 fincas. Los terratenientes ya no temían sólo por sus posesiones sino por sus vidas. El descontento popular tenia el signo opuesto en Navarra, el feudo carlista de campesinos profundamente conservadores estaban dispuestos a defender Dios, Patria y Rey hasta la muerte. Los carlistas se habían rebelado contra la onarquía liberal en el siglo XIX, ahora se disponían a enfrentarse a una República que consideraban roja y atea. Para un número creciente de militares el golpe de estado era la única forma posible de restablecer el orden. Advertido de las conspiraciones militares, el gobierno decidió enviar a los generales mas abiertamente derechistas lejos de la Península. El general Franco fue enviado a las islas Canarias, el general Mola fue únicamente trasladado a Pamplona donde se convirtió en el “Director”, el cerebro del complot.
 
A principios de abril se originó una polémica constitucional sobre la cuestión de la presidencia de la República. La Constitución establecía la posibilidad de deponer a su presidente (Alcalá Zamora) dado que había disuelto las Cortes en dos ocasiones. Dimitido éste, Manuel Azaña fue el único candidato a ocupar su puesto que estaban dispuestos a votar las izquierdas. El objetivo era que Indalecio Prieto, hombre fuerte del ala más moderada del PSOE, ocupara la jefatura del gobierno. Sin embargo, la negativa del Partido Socialista, dividido en diversas tendencias, llevó a que se formara un gobierno presidido por Casares Quiroga y formado exclusivamente por republicanos de izquierda, sin la participación del PSOE. Así, el nuevo gobierno nacía debilitado.
 
El nuevo gabinete inició rápidamente la acción reformista:
 
- Amplia amnistía para todos los represaliados tras octubre de 1934.
- Restablecimiento del Estatuto catalán.
- Alejamiento de Madrid de los generales más sospechosos de golpismo. Franco, Mola y Goded fueron destinados a Canarias, Navarra y Baleares.
- Reanudación de la reforma agraria. Esta medida fue rápidamente desbordada por la acción de los jornaleros que se lanzaron a la ocupación de fincas.
- Tramitación de nuevos estatutos de autonomía. El Estatuto de Galicia, fue aprobado en plebiscito en junio de 1936, y el del País Vasco estaba prácticamente terminado en julio de 1936.
 

LA SEGUNDA REPÚBLICA (Part.III)

EL BIENIO RADICAL-CEDISTA
 
Tras las elecciones, Lerroux formó un gabinete conformado exclusivamente por miembros de su partido. La CEDA apoyó al gobierno desde el Parlamento. Lerroux se vio así obligado a iniciar lo que los grupos de derecha reclamaban, una política de rectificación  de las reformas del bienio anterior. Esta nueva política se concretó en la
paralización de las reformas iniciales
 
Paralización de la reforma agraria, con la consiguiente expulsión de las tierras que habían ocupado de miles de jornaleros.
Paralización de la reforma militar y designación para puestos clave de militares claramente antirrepublicanos como Franco, Goded o Mola. Esta nueva política fue completada con un amnistía para los participantes en el golpe de Sanjurjo en 1932.
Conciliación con la Iglesia Católica.
 
Paralización de las reformas educativas.  Parón en el programa de construcciones escolares y anulación de la enseñanza mixta.
 
Enfrentamiento a los nacionalismos periféricos. Freno al proyecto de Estatuto de Autonomía vasco, presentado por el PNV y enfrentamientos con la Generalitat catalana, que presidía Lluís Companys, dirigente de ERC, desde enero de 1934.
 
RADICALIZACIÓN DEL ENFRENTAMIENTO POLÍTICO
 
En un contexto de crisis económica internacional y de triunfo de los extremismos en Europa con el triunfo de Hitler en 1933 y la consolidación de la dictadura de Stalin en la URSS, la lucha política se radicalizó en nuestro país. España se polarizó entre las "derechas" y las "izquierdas" y los partidos moderados quedaron aislados.
 
Derechas:
La CEDA de Gil Robles agrupaba a las clases medias y populares católicas. Las Juventudes de Acción Popular (JAP), organización juvenil del partido, tenían ya en aquel momento rasgos claramente fascistas.
 
En Renovación Española, dirigida por Calvo Sotelo, se agrupaban los monárquicos con posturas cada vez más extremistas y antidemocráticas.
 
Finalmente, la Falange Española de Jose Antonio Primo de Rivera se fusionó en 1934 con las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS) de Ledesma.
 
Quedaba así constituido el núcleo político de ideología fascista en España.
 
Izquierdas:
 
La Izquierda Republicana de Manuel Azaña agrupaba el centro-izquierda que había optado por una política de reformas y de alianzas con el movimiento obrero.
 
El PSOE, el mayor partido obrero, estaba dirigido por un grupo de líderes a menudo enfrentados.  Indalecio Prieto y Largo Caballero  representaban el ala más moderada y más radical del partido. En general, el PSOE vivió un claro proceso de radicalización.
 
El PCE seguía las nuevas directrices de la Komintern y buscaba una alianza de la izquierda contra el fascismo. La experiencia alemana y el ascenso de Hitler en enero de 1933 habían hecho rectificar a Stalin y buscar alianzas con todas las fuerzas de centro-izquierda. 
 
La CNT seguía ligada a la acción revolucionaria, aunque había quedado muy mermada tras el fracaso de la insurrección de diciembre de 1933.
 
Los continuos enfrentamientos del gobierno de la Generalitat catalana con el gobierno de derechas de Madrid habían propiciado que la Esquerra Republicana de Catalunya dirigida por Lluis Companys girara a la izquierda en sus posiciones políticas.
 
La Revolución de Octubre de 1934
 
La creciente tensión entre los dos polos políticos culminó con la entrada de tres ministros de la CEDA en el gobierno en octubre de 1934. Esta remodelación del gobierno fue interpretada por la izquierda como el anuncio del triunfo inminente del fascismo en nuestro país. La cada vez más radicalizada izquierda, PSOE, UGT, CNT, PCE,  llamó a la huelga general contra el gobierno. El seguimiento fue muy desigual.
 
El movimiento fracasó en Madrid. El gobierno acuarteló a las tropas y detuvo a los principales dirigentes socialistas y comunistas. En Barcelona, Companys, desde la presidencia de la Generalitat, dirigió una insurrección con claro matiz independentista. La revuelta fue rápidamente reprimida por el ejército. En Asturias la huelga general triunfó y generó una verdadera revolución organizada por la UGT y la CNT. El movimiento revolucionario fracasó en todo el país con una excepción: Asturias. Las guarniciones en Asturias se vieron impotentes para frenar una ofensiva revolucionaria que produjo violentos combates. Todas las ciudades y pueblos de la cuenca minera quedaron sometidos a un comité revolucionario, que al mismo tiempo que reorganizaba la zona tenía que ocuparse de la lucha. El gobierno, decidido a acabar con la rebelión tuvo que llamar a la Península a las tropas coloniales, los moros y la Legión. Los generales Manuel Goded y Francisco Franco coordinaron la ofensiva desde Madrid. La Legión y el ejército moro consiguieron un éxito casi inmediato. Apoyados por la aviación liberaron Oviedo, Gijón cayó el 10 de octubre y en 15 días la rebelión se podía dar por sofocada. El líder socialista de la revolución Ramón González Peña renunció a seguir dirigiéndola, Belarmino Tomás, líder de los mineros, aceptó la derrota pero no renunció a comentar que el haber quedado la revolución reducida solo al foco de Asturias había sido clave del fracaso.
 
Casi 2.000 personas murieron en la revolución asturiana, algunas ejecutadas sin previo juicio, miles de republicanos y socialistas en toda España fueron encarcelados. Treinta mil fueron  detenidos, entre ellos Companys, Azaña, que no había apoyado el levantamiento, y los principales dirigentes del PSOE como Prieto o Largo Caballero.
 
La rebelión había fracasado principalmente por su falta de cohesión, pero la izquierda había aprendido una valiosa lección. Durante los dos años siguientes el deseo de amnistía para sus compañeros encarcelados contribuyó a forjar la alianza de la izquierda.
 
La reacción del gobierno de derechas fue el endurecimiento de su política: se suspendió el estatuto de autonomía de Cataluña y se redactó una nueva Ley de Reforma Agraria, que en la práctica era una verdadera contrarreforma.
 
Sin embargo, las disensiones en el seno del gobierno eran crecientes. Las diferencias entre el Partido Radical y la cada vez más extremista CEDA eran evidentes. Un ejemplo de la orientación de la CEDA fueron los nombramientos que hizo Gil Robles, como nuevo ministro de Defensa. Militares claramente contrarios a la república y la democracia fueron designados para puestos clave en la estructura del Ejército. Franco, por ejemplo, fué nombrado Jefe del Estado Mayor. La crisis definitiva vino con un escándalo de corrupción, el escándalo del Estraperlo, que afectó a altos cargos gubernamentales. Lerroux y el Partido Radical cayeron en un descrédito total. La aparición de nuevos escándalos precipitó el fin de la legislatura y la nueva convocatoria de elecciones a Cortes en Febrero de 1936.

La Segunda República. Part.II

 EL BIENIO REFORMISTA (1931-33): LAS REFORMAS
 
Tras aprobarse la Constitución, se inició un nuevo período con un Gobierno presidido por Manuel Azaña y formado con ministros de la Izquierda Republicana y socialistas. En Diciembre, Niceto Alcalá Zamora fué elegido Presidente de la República.
 
El Gobierno republicano-socialista inició un extenso e intenso programa de reformas en un contexto económico desfavorable, debido al gran déficit presupuestario que había heredado de la Dictadura de Primo De Rivera y marcado por el aumento del paro. estas fueron sus principales reformas:
 
- Refomas Laborales: Iniciadas desde el Ministerio de Trabajo por Largo Caballero, que favorecían la posición de los trabajadores y sindicatos y encontraron la cerrada oposición de los empresarios.
 
- Reforma Educativa: Amplio programa de construcción de escuelas y contratación de maestros: 6750 nuevas escuelas y 7000 maestros.Los maestros adquirieron mejores sueldos y se mejoró su formación. La enseñanza se hizo mixta, con alumnos de ambos sexos en la msima clase y con el mismo plan de estudios. La religión dejó de ser una asignatura obligatoria: Laicización de la escuela. Ello conllevó a un enfrentamiento entre la Iglesia y el Gobierno.
 
-Reforma Militar: Buscando garantizar la fidelidad del ejército al nuevo régimen y propiciar la reducción del excesivo número de oficiales, se exigió jurar fidelidad a la República, pudiendo optar los que se negaran al retiro voluntario con paga completa.
 
 Frente a las aspiraciones autonomistas de algunas regiones españolas, el Ejército se mostró como la institución mas ofendida por las pretendidas reformas republicanas. Muchos militares del ejercito estaban alarmados ante la perspectiva de autonomías regionales. La unidad de la patria les obsesionaba. España había perdido todas sus colonias de ultramar. En los años 20, las guerra de Marruecos amenazaban sus ultimas posesiones. La República se proponía modernizar este ejercito anticuado y con exceso de oficiales (uno por cada nueve soldados). El Ejército veía las reformas republicanas con profunda desconfianza, pero era el proyectado estatuto de autonomía catalán lo que los militares conservadores consideraban como la amenaza mas inmediata.
 
- Reforma Agraria: Se aprobó en 1932 la Ley de Bases de la Reforma Agraria. Con ella se buscaba el reasentamiento de campesinos sin tierra en latifundios insuficientemente explotados. Los campesinos de toda España esperaban que la llegada de la República representara el fin de todos sus problemas. El problema agrario era uno de los más complicados, no olvidemos que la agricultura en los años 30 era el principal sector de la economía del país. Los trabajadores del campo, mal pagados y mal alimentados esperaban que las prometidas reformas fueran drásticas e inmediatas. Andalucía era una región de profundos contrastes sociales y económicos, de latifundios y de grandes terratenientes. Estas desigualdades alimentaban el resentimiento de mas de 700.000 jornaleros que vivían en la miseria. Las tensiones en la España rural representaban una de las mas graves amenazas para la nueva República. Pero la reforma agraria de 1932, una ley complicada y cautelosa, solo sirvió para desilusionar a muchos jornaleros e irritar a los terratenientes. Los jornaleros querían apoderarse de las tierras que la República dudaba en entregarles. Pronto se comprobó que la reforma era prácticamente imposible, al menos en un tan corto espacio de tiempo. Se creó un Instituto de Reforma Agraria que pudiera controlar dicho plan pero, a pesar de todos los esfuerzos, frente a los 60.000 campesinos asentados en nuevas tierras que anualmente la Reforma había proyectado, después de dos años de actuación sólo 12.000 estaban realmente en dicha situación.
 
Entre los propietarios y terratenientes empezó a cundir la alarma, entre los campesinos la desilusión ante la lentitud de la Reforma Agraria. El hambre y la miseria creaban las condiciones ideales para la violencia revolucionaria. Los pueblos de Castilblanco, Arnedo y Casas Viejas se convirtieron en exponentes claros de esa violencia. En Castilblanco (Badajoz) estalló una huelga general el 31 de diciembre de 1931. Al intentar disolverla, los campesinos reaccionaron violentamente matando a cuatro números de la Guardia Civil. En Arnedo (La Rioja), murieron siete trabajadores y quedaron heridos treinta más al disolverse a disparos de la Guardia Civil la manifestación que se celebraba ante la casa consistorial del pueblo.
 
LA OPOSICIÓN AL GOBIERNO
 
La derecha tradicional quedó desorganizada tras la proclamación de la República en los primeros meses del nuevo régimen. La oposición conservadora quedó restringida a las asociaciones patronales tales como la Unión Económica Nacional y el Partido Radical, de Lerroux. Este grupo de centro-derecha dirigió la oposición al Gobierno en las Cortes. 
 
Por otro lado, la izquierda revolucionaria no dió tregua al nuevo Gobierno. La Confederación Nacional Del Trabajo (CNT), con más de un millón de afiliados, siguió la línea extremista marcada por los militantes de la Federación De Anarquistas Ibérica (FAI). El minoritario Partido Comunista (PCE) se hallaba también instalado en una línea radical, defendida en aquél momento por la Komintern y Stalin.
 
TENSIONES SOCIALES Y POLÍTICAS
 
La crisis económica, la línea radical propiciada por la CNT y la negativa de la patronal a las reformas llevaron a un marco de fuertes tensiones sociales. Los enfrentamientos entre huelguistas y la Guardia Civil fueron frecuentes y a menudo violentos.
 
El debate en Cortes del Estatuto de Cataluña y la Ley de Reforma Agraria provocaron un oposición cerrada en las fuerzas de derecha. De nuevo, las fuerzas conservadoras recurrieron al tradicional método de la insurrección militar. El general Sanjurjo intentó un golpe de estado militar en Sevilla agosto de 1932. La "Sanjurjada", mal preparada y con desigual apoyo del ejército, fracasó.
 
La reacción de las fuerzas que apoyaban al gobierno fue inmediata. Las Cortes aprobaron la Ley de Reforma Agraria y del Estatuto de Autonomía de Cataluña. En este territorio,  la Esquerra Republicana de Catalunya, dirigida por Francesc Maciá, triunfó en las primeras elecciones autonómicas.
 
Pese al fracaso de Sanjurjo, el gobierno republicano-socialista daba muestras de claro desgaste. En ese contexto, se produjeron los graves incidentes de Casas Viejas, en los que la Guardia de Asalto sitió y mató a un grupo de campesinos anarquistas. El escándalo consiguiente llevó al gobierno a la decisión de convocar nuevas elecciones en Noviembre de 1933.
 
Para estas elecciones, la derecha se había reorganizado. Tres nuevos grupos se presentaron a los comicios:
 
La Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), dirigida por Gil Robles, grupo mayoritario auspiciado por la Iglesia Católica.
Renovación Española, dirigida por Calvo Sotelo, en la que se agruparon los monárquicos.
Falange Española, la versión española del fascismo, dirigida por Jose Antonio Primo De Rivera, hijo del Dictador.
Mientras la izquierda se presentó fragmentada en múltiples grupos y los anarquistas llamaron a la abstención.
Las elecciones dieron la victoria de los grupos conservadores: Partido Republicano Radical y la CEDA.
 
Frente a la nueva convocatoria de elecciones en noviembre de 1933, la derecha se preparaba para la toma del poder. En 1931 sus principales candidaturas habían sido barridas debido fundamentalmente a su falta de unidad en un sistema electoral que primaba las coaliciones. Ahora sus esperanzas se centraban en una nueva coalición, la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas). La CEDA fue el primer partido católico de masas en España y su líder era José María Gil Robles. La izquierda se lanzó a la campaña en defensa de las realizaciones de su gobierno, pero, como ya en 1931 le había ocurrido a la derecha, esta vez acudían desunidas. No es de extrañar pues el resultado que arrojaron los comicios:
 
La CEDA se convirtió en el principal partido de las Cortes y Gil Robles en el ídolo de la España conservadora. Entre los diputados elegidos se podía apreciar tanto a derecha como a izquierda representantes del extremismo político. José Antonio Primo de Rivera (hijo del dictador) y Francisco Moreno Herrera obtuvieron acta por Falange Española, partido fundado por José Antonio hacía pocos meses. Del otro lado Cayetano Bolívar fue el primer representante del PCE (Partido Comunista de España) en las Cortes. La aparición en dicha cámara de dos representantes falangistas y un comunista fue la primera advertencia de que la sociedad española estaba entrando en una espiral de radicalización. La República dio un giro a la derecha, el proceso de reformas quedó paralizado. La izquierda estaba alarmada, convencida que detrás de Gil Robles se escondía la amenaza del fascismo. En 1934 el fascismo se extendía por Europa, las dictaduras reemplazaban a las democracias parlamentarias. Los socialistas españoles temían que lo mismo ocurriera en España si la CEDA ocupaba el poder. Para calmarles se formó un gobierno de centro dirigido por el jefe del Partido Radical, Alejandro Lerroux. Gil Robles y la CEDA lo apoyaban pero no entraron a formar parte del mismo, a pesar de que era el partido más votado. Esperaba la ocasión más propicia para hacerse con el poder.
 
El triunfo conservador fue contestado por una insurrección anarquista que tuvo como resultado más de cien muertos.
 
 
 
 
 
 

FUERZAS POLÍTICAS EN LA IIª REPÚBLICA

Los partidos políticos que habían subsistido más o menos ilegalmente durante la Dictadura y los últimos tiempos de la monarquía, afloraron, se desarrollaron, se fragmentaron y entraron en un proceso de descomposición y de reagrupamiento a lo largo de la Segunda República. Aunque durante algún tiempo pudo hablarse de un “centrismo”, el proceso de bipolarización que caracterizó al quinquenio republicano hizo desaparecer por completo tal posibilidad en las elecciones de 1936. Por ello es posible la clasificación de los partidos en izquierdas y derechas.

De izquierda se pueden considerar los partidos y organizaciones que reúnen las siguientes características: Adhesión manifiesta a la República como forma política; aspiración a conseguir transformaciones sociales más o menos intensas; rechazo de las viejas instituciones (confesionalidad del Estado, intervención del Ejército en la vida política, educación en manos de órdenes religiosas); aceptación de la personalidad diferenciada de las distintas regiones españolas y de su derecho al disfrute de un mayor o menor grado de autonomía. Sobre estos puntos se forjó el acuerdo de los grupos antimonárquicos en el Pacto de San Sebastián (27-8-1930), aunque algunos de los firmantes, especialmente el Partido Radical evolucionó hacia el centro derecha.

  Las características de los partidos y grupos que clasificamos como de derechas pueden definirse como el antagonismo claro o velado a la forma republicana de Estado, o la aceptación de la misma sólo muy en los últimos tiempos del Régimen (ejemplo la CEDA) y siempre como un mal menor; los grupos derechistas se aferraron a la estructura económica y social entonces vigente o sus aspiraciones de transformación se canalizaron hacia fórmulas claramente antiparlamentarias; las formaciones de derecha reivindicaron el pleno valor de las viejas instituciones (Iglesia y Ejército) como salvaguarda del orden y los valores tradicionales; rechazaban de forma abierta cualquier transferencia de poder del gobierno central a las organizaciones regionales.

A lo largo del periodo se observa la siguiente evolución: en la primera fase predominio de la izquierda que planteó, sin llegar a consumarlos, grandes proyectos de transformación económica y social; en la segunda fase, de gobierno de la derecha, tampoco se lograron llevar a cabo los programas políticos y económicos. La ineficacia de ambas etapas tuvo como consecuencia un enfrentamiento radical en las elecciones de 1936 que dieron finalmente el triunfo a la Izquierda (Frente Popular), triunfo rápidamente apagado por la conspiración militar.

Acción Republicana (AR): Era la formación de Manuel Azaña (funcionario de Justicia, escritor de cierto prestigio y procedente del Partido Reformista de Melquíades Álvarez). Fundada en 1925 como asociación de encuentro entre tendencias republicanas se convirtió en partido político en la primavera de 1930. Sus militantes eran especialmente intelectuales y profesionales y sus votantes procedían de las clases medias. Fue el Núcleo de los gobiernos republicanos de izquierda. Su principal aliado fue el PSOE. La filosofía política de Azaña giraba en torno a la necesidad de desmontar el ejército tradicional, supresión del poder de la Iglesia, aceptación de la reforma agraria, (pero con demasiadas ambigüedades y dilaciones), colaboración estrecha y de buena fe con los socialistas y admisión de las autonomías.

Izquierda Republica (IR): Tras la derrota electoral de 1933 Azaña fundó en abril de 1935 un nuevo partido al que atrajo a la antigua ORGA y al Partido Radical-Socialista Independiente de M. Domingo. Así surgió Izquierda Republicana que consiguió un gran éxito en 1936.

Partido Republicano Radical-Socialista (PRRS): Creado en diciembre de 1929 por republicanos de izquierda, fue un grupo muy heterogéneo con un programa liberal muy avanzado. Estaba dirigido por Marcelino Domingo, Álvaro de Albornoz, Félix Gordón de Ordax y Botella Asensi. El ideario del Partido Radical-Socialista recogía aspiraciones similares a las de Acción Republicana. Estaba muy ligado a la Institución Libre de Enseñanza, a la Masonería y al autonomismo catalán. Debido a su rápido crecimiento que imposibilitó su consolidación, sufrió profundas crisis. En la primavera de 1932 se produjo la primera escisión dirigida por Botella Asensi que fundó Izquierda Radical-Socialista (IRS). En 1933 su ala izquierda (Domingo y Albornoz), que deseaba colaborar en el gobierno de Azaña con el PSOE se enfrentó con el ala derecha Gordón de Ordax) que quería acercarse al Partido Radical y en septiembre de ese año los primeros fundan el Partido Radical-Socialista Independiente (PRSI).

Unión Republicana (UR): En septiembre de 1934 el PRRS de Félix Gordón de Ordax, la IRS Botella Asensi y el PRD de Martínez Barrio se unen formando un nuevo partido la Unión Republicana, con la intención de recomponer la unidad republicana de 1931.

Esquerra Republicana de Catalunya (ERC): Fue formada en marzo de 1931 por la agrupación de las izquierdas catalanas republicanas antagónicas del conservadurismo de la Lliga con la unión de Estat Catalá, creado en 1922 Francesc Maciá, desde el que reivindicó el derecho de autodeterminación y manteniendo una constante lucha contra la Dictadura de Primo, y del Partit Catalá Repulicà, fundado en 1917 por Francesc Companys y M. Domingo. Maciá fue el principal promotor del Estatuto Catalán y tras su aprobación  en 1932 fue el primer presidente electo de la Generalitat hasta su muerte en 1933, siendo entonces sucedido por Lluis Companys, quien en 1934 proclamó el Estado Catalán y fue encarcelado hasta la victoria del Frente Popular en 1936.

Partido Catalanista Republicano (PCR): Más a la derecha de Esquerra. Después de las elecciones de 1931 perdió importancia.

Organización Regional Gallega Autónoma (ORGA): Representa el sentimiento autónomo de Galicia, menos acusado y extendido que el de Cataluña. Dirigido por Santiago Casares Quiroga, a mediados de 1932 se une con la Federación Republicana Gallega (FRG) para crear el Partido Republicano Gallego (PRG), muy próximo a  Azaña. En 1935 entrará a formar parte de Izquierda Republicana.

Partido Socialista Obrero Español (PSOE): El partido había sido fundado en 1879 por Pablo Iglesias (la UGT en 1888) y en el momento de proclamarse la República, el PSOE y la UGT eran las organizaciones políticas y sindicales más amplias y mejor organizadas de España. Sus centros de irradiación , las “casas del Pueblo”, estaban diseminadas por todo el territorio nacional pero eran especialmente fuertes en Asturias, Vizcaya, Madrid, las zonas agrarias del norte de Andalucía, Castilla la Nueva y Extremadura. En las zonas rurales adquirió gran importancia la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra (FNTT) perteneciente a UGT.

Durante la Dictadura el PSOE y la UGT habían experimentado un largo debate interno sobre su participación en los organismos sociales y políticos, surgiendo varias corrientes lideradas por sus principales dirigentes. Indalecio Prieto, que desempeñó siempre el papel de líder moderado y realista, era partidario de participar en le gobierno al lado de los republicanos, firmando a título personal el Pacto de San Sebastián, lo que le dio al PSOE la entrada en el comité revolucionario primero y en el gobierno provisional después. Julián Besteiro fue contrario a la participación del partido en lo que él consideraba pacto con la burguesía de San Sebastián, aunque no tuvo inconveniente en ser el presidente de las Cortes republicanas de 1931, moderando sus actitudes a partir de ese momento. Francisco Largo Caballero, secretario general de la UGT, no habiendo participado en el Pacto, sin embargo formó parte del comité revolucionario y del gobierno provisional.

Entre 1931 y 1933 el PSOE colaboró en los gobiernos republicanos, pese al creciente rechazo de su política por las bases del partido, de la UGT y de los besteiristas. Sin embargo diferentes conflictos hicieron que el PSOE saliera del gobierno en septiembre de 1933 y que se presentara en solitario a las elecciones de noviembre.

Durante el bienio derechista se produjo un proceso de radicalización en el partido que culminó en el movimiento revolucionario de octubre de 1934. El dirigente de esta evolución fue Largo Caballero, con el apoyo de las Juventudes Socialistas, que rechazó cualquier colaboración con los republicanos. Prieto, líder del ala centrista, y Besteiro, del ala moderada, se opusieron sin éxito a esta política. Las consecuencias trágicas de la Revolución del 34 obligaron al partido a cambiar de actitud y a participar con republicanos y comunistas en el Frente Popular a fines de 1935.

 

Partido Comunista de España (PCE): Fue un partido sin apenas fuerza hasta el comienzo de la Guerra Civil. Su dogmatismo estalinista impidió su crecimiento hasta que en 1932 llega a la dirección José Díaz. Desde ese momento, aprovechando el descontento de las bases del PSOE comenzó un lento crecimiento, ofreciendo desde entonces a los demás partidos republicanos y de izquierdas un frente antifascista. El PCE participó en la Revolución del 34 con el PSOE. Sin embargo no estuvo en condiciones de jugar un papel importante en la izquierda hasta la formación del Frente Popular.

Partido de Unificación Marxista (POUM): En 1930 Joaquín Maurin, tras salir del PCE, crea junto al minúsculo Partit Comunista Català, el Bloc Obrer y Camperol (BOC), de implantación casi exclusiva en Cataluña, para uirse posteriormente con Izquierda Comunista (IC) de Andrés Nin y formar el POUM. De implantación sobre todo catalana y con un ideario marxista próximo al trotskismo y al anarquista, participó en el Frente Popular y colaboró activamente con la Republica y al Generalitat, especialmente en el primer año de la guerra

Confederación nacional del Trabajo (CNT): Sin ser un partido político, sino un sindicato de tendencias anarquistas, la importancia política de la CNT es tal que debe incluirse entre los diferentes partidos políticos españoles del período republicano. Esta central aglutinaba a los sindicatos anarquistas. Creada en 1910 y fuertemente reprimida durante la Dictadura. Tuvo su mayor clientela en Cataluña, Aragón, Levante y Andalucía. Sus propósitos eran la destrucción del sistema capitalista, la colectivización de los medios de producción y la sustitución del Estado por los sindicatos. De la CNT nació la FAI (Federación Anarquista Ibérica) más radical, organizada en grupos secretos y dispuestos a la acción directa que se opuso a los dirigentes sindicalistas, más moderados, Ángel Pestaña y Juan Peiró, que habían establecido desde 1930 cierta colaboración con los republicanos. La CNT mantuvo durante los cinco años de régimen republicano una oposició constante por medio de huelgas, muchas veces mal preparadas y resueltas, y levantamientos armados, mientras en su seno se enfrentaban Peiró, Pestaña y la FAI. Como resultado de este enfrentamiento en 1933 el sindicato, dominado por la FAI, sufrió una escisión con la creación de los Sindicatos de Oposición, y A. Pestaña fundó el Partido Sindicalista (PS). En 1934 la CNT se negó a colaborar con socialistas y comunistas en el movimiento revolucionario de octubre. No participaron en el Frente Popular aunque tampoco se opusieron a su existencia. Cobraron gran importancia durante la guerra, llegando incluso a integrarse en el gobierno.

Partido Republicano Radical (PRR): El partido había sido fundado por Alejandro Lerroux en 1908 con unas bases ideológicas muy débiles. Originariamente era un partido muy anticlerical, caracterizado por su radicalismo y extremismo social y por su anticatalanismo, en 1930 se había moderado, estando interesado en llevar adelante la República siempre que no comportase profundas mutaciones. Firmó el Pacto de San Sebastián pero en el primer año de vida de la República quedó claro que el pretendido izquierdismo de Lerroux había desaparecido y se separó del gobierno buscando centrar el régimen combatiendo a la izquierda. Entró en el gobierno de nuevo en 1933 con el triunfo de la derecha, siendo Lerroux su presidente en varias ocasiones. En 1936, debido a los escándalos y a la corrupción en el ejercicio del poder de algunos de sus miembros (Estraperlo), el partido estaba completamente desacreditado. En abril de 1934 Martínez Barrió, segundo del partido, se separó con el ala izquierda del PRR y fundo el Partido Radical Demócrata (PRD), que luego entraría en Unidad Republicana. Esta escisión hizo que el PRR se abriese más a la derecha y buscara la colaboración de la CEDA.

Derecha Liberal Republicana (DLR): Este partido se fundó al final de la etapa monárquica en torno a Niceto Alcalá Zamora (terrateniente y exministro liberal) y Miguel Maura (antiguo conservador). Ambos se declararon republicanos sólo en 1930 y ambos firmaron el Pacto de San Sebastián. Era un partido conservador en el más estricto sentido de la palabra que deseaba una república moderada. Tras las elecciones de 1931 pasó a denominarse Partido Republicano Progresista (PRP) y en enero de 1932 su ala derecha, dirigida por Maura, se separó y formo el Partido Republicano Conservador (PRC). Alcalá Zamora fue presidente del gobierno provisional y, más tarde presidente de la República, cargo desde el que intervino de manera personalista en el gobierno. Así fue destituido por haber disuelto indebidamente las nuevas Cortes de 1936 y se marchó a Francia.

Partido Agrario (PA): Uno de los más claramente clasistas de la II República. Defensor de los pequeños y medianos agricultores, especialmente de Castilla la Vieja y León. A finales de 1934  pasó a denominarse Partido Agrario Español (PAE), declarándose republicano y participando en los gobiernos de derechas del bienio negro. Su actividad se centró en oponerse a la Reforma Agraria.

Partido Liberal Demócrata (PLD): Fue la versión de la II República del Partido Reformista fundado por Melquíades Álvarez en 1912. Este grupo que defendía los intereses financieros y de las Cajas de Ahorros, mantuvo una postura claramente derechista.

Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA): Surge en torno a Ángel Herrera Oria, dirigente de Acción Católica, y fundador del diario El Debate. A los pocos días de la proclamación de la República Ángel Herrera forma junto a José María Gil Robles un partido conservador, católico y muy ifluido por el clero que se denominó Acción Popular (AP). En su seno se desarrollaron dos tendencias, la monárquica, dirigida por Antonio Goicoechea, y la accidentalista, dispuesta a actuar dentro de la República en defensa de sus intereses socioeconómicos, dirigida por  A. Herrera y Gil Robles. En marzo de 1933  surge de la unión de Acción Popular  y  la Derecha Regional Valenciana (DRV) la CEDA. Tras las elecciones de 1933 se convierte en la principal fuerza parlamentaria y en un partido de masas, con casi medio millón de afiliados, de gran influencia social. Su ideología clerical conservadora para algunos se aproximaba a la democracia cristiana y para otros al fascismo. Su asociación juvenil, las Juventudes de Acción Popular (JAP), si estaban en un proceso de fascistización.

Lliga Regionalista de Cataluya (La Lliga): Era un partido catalanista conservado,r cuyos orígenes están vinculados a Prat de la Riba y a Francesc Cambó, que se opuso a cualquier tipo de reforma agraria para Cataluña. Su principal líder fue en estos momentos F. Cambó, que en la guerra llegó a facilitar ayuda económica Franco. Defendía los intereses de la burguesía catalana.

Partido Nacionalista Vasco (PNV): El PNV, en sus orígenes un partido nacionalista, derechista y confesional, no mostró ningún apoyo por la República en sus primeros años, llegando a presentarse en las primeras elecciones en una coalición electoral con los carlistas tradicionalistas. En el segundo bienio, dirigido por José Antonio Aguirre, adoptó una posición más centrista buscando entre los republicanos el apoyo para lograr un estatuto de autonomía para el País Vasco, que la derecha católica española rechazaba de manera absoluta. En los primeros momentos de la Republica sufrió una escisión prorrepublicana que se denominó Acción Nacionalista Vasca (ANV).

Renovación Española (RE): Partido monárquico de tendencia alfonsina fundado por los monárquicos de Acción Popular (Antonio Goicoechea). Tuvo una amplia actividad conspiratoria. Destacó en este partido José Calvo Sotelo, ex ministro de la Dictadura y portavoz de la ultraderecha en el Parlamento. Pretendía crear un Estado Nuevo, tras un alzamiento cívico-militar, que impondría una Monarquía autoritaria basada en una dictadura corporativista de estilo fascista.

Comunión Tradicionalista (CT):  Partido carlista. Desde los primeros pasos de la República reorganizaron su milicia (“requetés” o “boinas rojas”). Participó en varias conspiraciones contra la República. Su centro estuvo en Navarra. Se opuso a la política religiosa de la República.

Acción Española (AE): Partido monárquico moderado generado en torno a la revista del mismo nombre creada en 1931. Fue esencialmente un grupo de intelectuales, cuya principal figura fue Ramiro de Maeztu, que sirvió de enlace personal y doctrinal entre los tradicionalistas y Renovación Española..

Falange Española (FE): Aunque hubo varios núcleos políticos de tendencia autoritaria y fascista desde comienzos de la década de 1930, como el Partido Nacionalista Español (PNE) del Doctor Albiñana, que apoyó el golpe militar de Sanjurjo en 1932, los más sólidos fueron las Juntas Ofensivas Nacional Sindicalistas (JONS) de Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma y Falange Española, liderada por José Antonio Primo de Rivera, fundada en 1933. A finales de 1935 ambos grupos se fundieron formando Falange Española de las JONS. Como fuerza parlamentaria apenas llegó a tener importancia (sólo J. A. Primo de Rivera logró ser diputado en las elecciones de 1933 con el apoyo de la CEDA). El partido, inspirado en el fascismo italiano y el nazismo alemán, pretendía la supresión de los partidos y del parlamentarismo y organizar un estado autoritario corporativista basado en la familia, el sindicato y el municipio. Su desarrollo corresponde a los años de la guerra.

 

LA IIª REPÚBLICA. 1ªPart.

La Segunda República es uno de los momentos clave de la historia contemporánea española. El proyecto de democratización y modernización que se abre en 1931, y que tantas esperanzas despertó en amplias capas de la población española, concluyó con una cruenta guerra civil. El debate sobre las razones de ese fracaso histórico sigue siendo uno de los elementos clave de la   historiografía española.                                Image Hosted by ImageShack.us

LA CONSTITUCIÓN DE 1931

El triunfo de las candidaturas republicanas en las grandes ciudades precipitó el 14 de Abril de 1931 la proclamación  de la República. La amplitud del movimiento popular llevó a que el rey Alfonso XIII, aislado y sin apoyos, se exiliara.

Inmediatamente se formó un Gobierno Provisional presidido por Niceto Alcalá Zamora y formado por republicanos de izquierda y derecha, socialistas y nacionalistas. El gobierno debía dirigir el país hasta que unas nuevas Cortes Constituyentes dieran forma al nuevo régimen.

No obstante, el nuevo gobierno tuvo que responder desde un principio al ansia general de reformas. Adoptó las primeras medidas para la reforma agraria, inició reformas laborales, emprendió la reforma militar, aprobó legislación educativa y puso en marcha el Estatuto provisional de autonomía de Cataluña.

En Barcelona, Francesc Maciá, Líder de la recién fundada Esquerra Republicana, vencedora de las elecciones municipales, proclama: "Catalanes, interpretando el sentimiento y los anhelos del pueblo que nos acaba de dar su sufragio, proclamo la República Catalana, como estado integrante de la Federación Ibérica". La proclama soberanista de Maciá preocupa en Madrid se producen contactos entre el Gobierno Provisional Republicano y Maciá. En una conferencia telefónica entre Alcalá Zamora y Maciá, Éste matiza y asume la condición de Presidente de La Generalitat provisional, dentro de la República Española. 

El ambiente social, sin embargo, se encrespó inmediatamente. A la vez que la CNT anarquista promovía una amplia campaña de huelgas, los enfrentamientos entre la Iglesia y el nuevo gobierno fueron inmediatos. El sector más conservador de la Iglesia, encabezado por el Cardenal Segura, puso todo tipo de trabas al nuevo ejecutivo. El viejo anticlericalismo afloró de nuevo y en mayo de 1931 diversas iglesias y conventos fueron asaltados y quemados.La opinión pública católica se alejó desde un primer momento del nuevo régimen republicano.

 Finalmente, en junio de 1931, tuvieron lugar las elecciones a Cortes Constituyentes en un ambiente de relativa tranquilidad. Las urnas dieron una clara mayoría de la coalición republicano-socialista. El 28 de junio de 1931 se celebraron elecciones con un notable índice de participación que superaba el 70%. El sistema electoral, que primaba las mayorías otorgó un rotundo triunfo al Gobierno provisional formado tras las elecciones de abril y dio el siguiente resultado en escaños. Image Hosted by ImageShack.us

 Las elecciones dieron la mayoría de los escaños a los socialistas y republicanos, los partidos que pertenecían a la izquierda y al centro. Manuel Azaña, fue elegido nuevo jefe de gobierno.    

 La nueva Constitución, aprobada en diciembre de 1931, reflejó las ideas de esta mayoría. Estos son sus principales rasgos:

 - Soberanía popular. Se declaraba al nuevo estado español como una "República Democrática de Trabajadores De Todas Las Clases".

 - Sufragio universal masculino y femenino. Tras un largo y complejo debate en las Cortes, las mujeres obtuvieron el derecho de voto.

 - Extensa declaración de derechos y libertades: Derechos civiles: divorcio, equiparación hijos legítimos e ilegítimos.  Derecho a la educación.

 - Poderes del Estado:

o       Poder legislativo quedó en manos de unas Cortes unicamerales.

o       Poder ejecutivo

o       Presidente de la República con escasos poderes.

o       Jefe de Gobierno, nombrado por el Presidente pero que debía contar con la aprobación de las Cortes.

Poder judicial en manos de los tribunales de justicia.

 -Se establece el derecho de las regiones a establecer estatutos de autonomía.

  - En lo relativo a la "cuestión religiosa" se establece un estado laico:

o       Separación de la Iglesia y el Estado

o       Desapareció el presupuesto de culto y clero

o       Prohibición de ejercer la educación

o       Libertad de conciencia y cultos

 

      

 

 
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